EN DEFENSA DE LA VOLUNTAD POPULAR EXPRESADA EN LAS URNAS

¡RESPONDER CON LA MÁS AMPLIA MOVILIZACIÓN DEL PUEBLO TRABAJADOR CONTRA LOS ATAQUES DEL FUJIMORISMO Y LA ULTRADERECHA Y SUS INTENTOS DE USURPAR LA VOLUNTAD POPULAR!

A estas alturas, una semana después de realizadas las votaciones para la segunda vuelta de las elecciones generales 2021, el Jurado Nacional de Elecciones sigue sin proclamar un ganador, a pesar de que el conteo de votos ha mostrado que la voluntad de la mayor parte de votantes ha sido colocar a Pedro Castillo en Palacio de gobierno.

Esto debido a las tinterilladas implementadas por el equipo legal de Fuerza Popular y Keiko Fujimori, que busca anular arbitrariamente 802 actas (200 mil votos) a pesar de que solo 155 de ellas fueron ingresadas a los Jurados Especiales dentro del plazo establecido. La mayoría de esas actas son del interior del país que le son desfavorables, y su denuncia es una ofensa no solo a la voluntad popular, sino a la dignidad de las personas discriminadas por su apellido, sus habilidades grafotécnicas, etc.

El plan de la ultraderecha y el fujimorismo consiste en convertir en conflicto lo que ha sido una clara expresión del electorado nacional a favor del candidato Pedro Castillo. Hoy desconoce el escrutinio realizado por la ONPE que otorga a Castillo cerca de 50 mil votos de ventaja, después desconocerá cualquier fallo de los Jurados Especiales que no le favorecen. Ha buscado manipular al JNE extendiendo ilegalmente los plazos, no tuvo éxito, y finalmente desconocerá los fallos del JNE si este no se aviene a darles la razón. La apuesta de la ultraderecha es dilatar la figura de un conflicto presionando para un desenlace por fuera del cauce electoral, para lo cual vienen impulsando movilizaciones reaccionarias y ataques a todo aquél que no favorezca el rodo de las elecciones.

¿Qué debemos hacer los trabajadores y trabajadoras del país ante este ataque?

Es un imperativo defender por medio de la movilización, de la acción directa de las organizaciones obreras y populares, la voluntad popular expresada en las urnas, ante el ataque reaccionario de Fujimori y compañía.

No podemos seguir «esperando los resultados en forma vigilante», cómo piden Castillo, la dirigencia de la CGTP y sus aliados políticos. Urge que la población pobre y trabajadora que votó por Castillo se levante en todas partes del país, tome las carreteras y ciudades, y exija su inmediata proclamación. Más cuando los medios de comunicación empresariales ya hablan de que el Jurado Nacional de Elecciones tardaría hasta tres semanas en proclamar un ganador.

Es esto lo que debemos poner a discusión, por medio de asambleas, en las fábricas, minas, centros de trabajo y estudio en todo el país. Hay que organizar la lucha en defensa de la voluntad popular desde las bases, levantando además todas aquellas necesidades urgentes que nos agobian: vacunación masiva casa por casa, más plantas de oxígeno y camas UCI, contratación y nombramiento de personal especializado en emergencias, derogatoria de la suspensión perfecta y prohibición de ceses colectivos, aumento general de sueldos, salarios y pensiones, solución a los pliegos de reclamo, comida y medicinas para el pueblo, y un largo etc.

Y más: demandar la expropiación y cárcel de los bienes y cuentas de Keiko Fujimori y su organización criminal, que hoy, además, se levanta contra la voluntad del pueblo.

Los trabajadores y trabajadoras sabemos que sin luchas, no hay victorias. Poniéndose a la cabeza de la movilización democrática del pueblo, la clase obrera ganará la posibilidad de encabezar también sus futuras luchas, que no pueden esperar a 28 de julio.

VOTAR POR PEDRO CASTILLO, MANTENER NUESTRA INDEPENDENCIA POLÍTICA

En estas horas, entre los trabajadores casi no se discute el voto por Pedro Castillo, pero lo que sí debemos discutir es la necesidad de mantener nuestra independencia política y organizativa.

Muchos dirigentes y activistas se incorporaron a la campaña de Castillo de diversas maneras, tratando de contribuir activamente a su victoria, como esperanza de cambio y ante el cargamontón y los infames ataques del fujimorismo, los empresarios y grandes medios que ven amenazados sus intereses.

Pero grandes gremios como la CGTP, la Federación Minera y Construcción Civil, van más lejos: suscriben acuerdos y compromisos que hipotecan la independencia política de los trabajadores y sus organismos, y, por esa vía, en la práctica renuncian a la lucha en defensa de los intereses obreros.

Con dichos acuerdos, estos gremios pretenden comprometer a Castillo a respetar, en su eventual gobierno, los derechos laborales y que reconozca otros.

Pero llamamos la atención sobre la forma mediada como plantean la defensa de estos derechos. Piden que la suspensión perfecta y los ceses colectivos sean “regulados” o que no sean “indiscriminados”; es decir no plantean su nulidad. Para los trabajadores toda suspensión perfecta y cese colectivo que roba el salario y el derecho elemental al trabajo es injusto y debe prohibirse. Más aún ahora que dichas medidas se extienden y llegan al cierre de empresas. Los trabajadores no tenemos por qué pagar la crisis y deben hacerlo los patrones, y si no aceptan debemos demandar la nacionalización de sus empresas bajo control de los trabajadores, como única forma de resguardar la fuente de nuestra existencia y de nuestras familias. Los derechos no se retacean, se defienden.

Respeto a la “propiedad” empresarial

Además de esta postura se reconoce a los capitalistas su “derecho” a realizar negocios y a explotar y generar riqueza con el trabajo obrero.

El documento que suscribe la Federación Minera (punto 5) dice, por ejemplo, que la contribución y fiscalización tributaria del Estado a las empresas debe hacerse “respetando siempre la propiedad”. La “propiedad” de las grandes minas es fuente del gigantesco saqueo del país, de la sobreexplotación obrera en el sector y de la extrema pobreza de las comunidades aledañas, y por eso un gran sector votó por Castillo porque planteó la nacionalización de la gran minería, energía y el gas; y por eso mismo los empresarios lo atacan con furia.

La Federación, ¿en lugar de defender la “propiedad” de las grandes mineras no debería estar a favor de esta propuesta nacionalista? La historia de la clase obrera ha sido colocarse siempre del lado de las causas nacionales, incluso como vía para proteger sus propios derechos, pero la Federación se bandea para el otro lado en esta aspiración fundamental.

Lo mismo sucede en el acuerdo suscrito por la Federación de Construcción Civil. Pronunciándose a favor de la reactivación del sector, la Federación les dice a los empresarios: “El Estado será su aliado”: aliado para promover inversiones, contrataciones y para reducir los trámites. Pero, son esos mismos empresarios los que poseen inmensas inmobiliarias y terrenos con los que lucran, mientras millones no tienen un techo donde vivir, entre ellos muchos obreros de construcción civil, y como lo vemos en las ocupaciones de tierra que se producen en Chorrillos. Pero el gremio de Construcción, en lugar de hablar de estas necesidades demanda más beneficios para los empresarios.

“Defensa de la democracia y gobernabilidad”

En esta misma línea, estos dirigentes van más lejos cuando llaman a luchar por la “defensa de la democracia y la gobernabilidad”, como el llamado que hace la central para la marcha del jueves 20 de mayo.

Es cierto: hay que luchar y movilizarnos contra los ataques a Castillo, contra las mentiras, calumnias y amenazas que nos alcanzan a todos los luchadores, y, por supuesto, rechazar cualquier intento de golpe, contra el cual los socialistas seremos los primeros en salirle al paso. Esto significa que luchamos por defender los derechos y las libertades. Pero la CGTP plantea “defender la democracia y la gobernabilidad”, es decir defender al régimen que odiamos.

Hoy, la “democracia y gobernabilidad” es de los patrones y está al servicio de su corrupción, de los abusos y sobreexplotación de los trabajadores. Por eso defienden su continuidad con Fujimori, mientras los sectores populares la cuestionan y piden cambios. Además, defender la “gobernabilidad” hoy es defender a Sagasti, al responsable de las políticas que nos afectan, y por eso no es casual que la central guarde total silencio sobre el Gobierno.

De este modo, la central en realidad le hace seguidismo a toda la proclama burguesa en favor de la “democracia y las instituciones, con lo que se ata las manos al igual que Castillo para luchar por los cambios que reclaman los trabajadores y las mayorías. 

¿Patrones democráticos?

En el fondo de todo esto hay el intento de estos dirigentes –y de Castillo– de establecer una alianza con la burguesía que llaman democrática y patriótica para que apoye su gobierno bajo la forma de un frente de obreros y empresarios, o frente popular, con el pretexto de enfrentar a los fascistas. De aquí se desprenden las políticas antes mencionadas: no hay que tocar sus “propiedades” sino promover sus negocios, y hay que “regular” los derechos laborales y no defenderlos plenamente.

Pero esos llamados empresarios democráticos y patriotas no existen y hoy todos aparecen al lado de Fujimori y contra Castillo, y estarán más firme con Fujimori si gana y contra Castillo si pierde. Pero es un cuento que sirve para maniatar a los trabajadores mientras dejan las manos libres a la burguesía para que siga atacando.

Independencia política

Aún no ha sido elegido Castillo y ya vemos cómo la reacción empresarial afecta la economía produciendo devaluación, alzas de precios y más desempleo, y después de la elección de Castillo esa reacción será peor.

Con esas políticas colaboracionistas es absolutamente claro que no hay ni habrá forma de defendernos de estos ataques empresariales, de los despidos, ceses, suspensiones y otros que van a continuar, gane quien gane las elecciones.

De aquí se deduce la imprescindible necesidad de defender nuestra independencia política y organizativa como clase. Votar por Castillo sí, pero no firmar acuerdos que hipotecan nuestra independencia y nuestras aspiraciones y prepararnos para salir a luchar. No es casual que la larga experiencia histórica de la clase obrera haya legado esta enseñanza como la única garantía para la defensa de sus intereses de clase.

Votamos por Castillo sin apoyo ni ilusiones

La candidatura de Pedro Castillo concentra el voto mayoritario –con más o menos ilusiones– de los sectores populares, del interior del país, y de la vanguardia obrera, ante el alineamiento de toda la patronal, sus partidos y organizaciones, tras Keiko Fujimori.

Obreros y obreras, el campesinado, el magisterio y otros tantos millones de pobres del campo y la ciudad, se encaminan a las urnas con la intención de imponer con su número, vía el voto, un cambio en los destinos del país.

Nada se les puede reprochar. En 200 años de vida republicana, uno tras otro, los gobiernos que se han sucedido han garantizado las ganancias patronales y la entrega de nuestras riquezas a las potencias imperialistas, antes que atender las necesidades de nuestro pueblo. Y hoy parece posible “cambiarlo todo”, pues un candidato de origen campesino, rondero, y maestro de escuela pública, es quien se encuentra en segunda vuelta.

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) acompañamos este proceso y hemos definido que también votaremos por Castillo, pues es la única herramienta electoral concreta con la que nuestra clase está haciendo frente a la “santa alianza” que todos los partidos patronales, gremios empresariales y medios de comunicación han creado tras Keiko Fujimori.

Sin embargo, alertamos sobre la necesidad de mantener no apoyar políticamente a Castillo, ni sembrar ilusiones en su posible gobierno, para así mantener la independencia política y organizativa de las organizaciones obreras y populares,

Esto es más necesario aún en tanto Castillo ha comenzado a abandonar aspectos importantes de su propuesta política, al estilo de la “hoja de ruta” de Humala, con la única finalidad de ganar los votos de la misma “izquierda moderada” y sectores liberales que fueron derrotados en la primera vuelta (ver recuadro).

[Recuadro]

¡ABAJO EL TERRUQUEO!

Desde el comienzo del camino a la segunda vuelta, los medios de comunicación iniciaron una despreciable campaña de calumnias motejando a Pedro Castillo, y prácticamente a todas las personas que simpaticen o expresen su apoyo hacia él, de “comunistas” y, más aún, de “terroristas”. Desde entonces, el “terruqueo” es moneda corriente en radio, televisión y redes sociales.

Desde el PST rechazamos categóricamente esa campaña despreciable de calumnias que solo busca sembrar confusión entre la población para llevar votos a Keiko Fujimori. Nos solidarizamos, en este tema, con Pedro Castillo, y reivindicamos la bronca que sienten los sectores obreros y populares ante ella, debido a que es la misma campaña de mentiras que empresas y autoridades realizan cuando salimos a luchar por nuestras reivindicaciones.

[Recuadro]

Lo que calla Castillo

Para muchos compañeros y compañeras, resulta normal que Castillo abandone partes de su programa. Esto porque, se piensa, es una actitud táctica, que se justifica por la intención de ganar votos y evitar ataques de la patronal.

Sin embargo, como prueba la asquerosa campaña de terruqueo en curso contra Castillo, de nada sirve esconder o abandonar partes de su programa: la patronal no mengua en su odio.

Por eso el abandono gratuito de propuestas como la estatización (nacionalización) de las mineras, o la creación de impuestos a las riquezas y ganancias patronales, solo muestran un ánimo oportunista.

Lo mismo pasa con su postura frente al régimen democrático burgués corrupto que impera en el país. De haberlo puesto en cuestión, hoy Castillo se ha comprometido a defender la “gobernabilidad y la democracia”.

No cuestiona los ceses colectivos o la suspensión perfecta de labores con la que la patronal golpea a la clase obrera. Como mucho se ha “comprometido” a fiscalizarlas.

Y, por último, y no por eso menos importante, desde la primera vuelta mantiene el silencio frente al gobierno de Sagasti, responsable actual del genocidio provocado por la pandemia de covid 19 y por los ataques contra la clase trabajadora y el pueblo, a quien no llama a enfrentar desde las calles. Tarea que es la más urgente que tiene planteada la clase trabajadora y el pueblo pobre de nuestro país.

[Recuadro]

La candidatura de María Rivera: un ejemplo de utilización revolucionaria de las elecciones

En paralelo al proceso electoral de nuestro país, se han realizado las elecciones a la Convención constituyente que la poderosa lucha del pueblo chileno arrancó al gobierno asesino de Piñera. Nuestra organización hermana en Chile, el Movimiento Internacional de los Trabajadores, logró tener una candidatura en una de las listas de candidatos y candidatas independientes de los partidos tradicionales que se inscribieron de forma extraordinaria para esta elección.

La compañera María Rivera, de larga trayectoria militante, realizó una campaña ejemplar, llamando a retomar la movilización por la libertad de los compañeros y compañeras detenidas durante las jornadas de lucha libradas por el pueblo trabajador, así como por la caída inmediata del gobierno Piñera.

Asimismo, su campaña levantó, sin temores, la necesidad de expropiar los negocios de las familias más ricas de Chile, para financiar la salud y la educación. Y hoy que ha sido elegida, no duda en declarar ante El Mercurio (diario de la gran patronal chilena, análogo a El Comercio), que se debe estatizar las AFP, las minas y las grandes empresas, y ponerlas bajo control de sus trabajadores y trabajadoras.

¡Cuánta diferencia con Castillo, que ahora huye como de la peste a la palabra expropiación!

[Recuadro]

La ilusión de la democracia burguesa

El campesinado y los sectores populares, separados de una conciencia de clase, conciben que su poder político radica en su número.

Esta es una ilusión que la democracia burguesa utiliza a su favor para recrear su propia dominación elección tras elección, pues aunque es cierto que “el pueblo es mayoría”, en la actual democracia esa mayoría está sujeta a una oferta político-electoral dominada por los partidos patronales. Además esa mayoría, convertida en voto individual, secreto y directo, pierde su contenido de clase, se dispersa, perdiendo, de paso, su poder de número.

Termina siendo el mecanismo perfecto para que la burguesía, la clase social de los dueños y dueñas de fábricas, bancos, minas, pozos petroleros y grandes comercios, imponga su control, mientras la enorme masa popular piensa que es ella quien los eligió.