Estuvimos en el #28S

El aborto lo haremos Ley en las calles

Colaboración de L. Nayhua

Militante de la Juventud Socialista (Cusco)

Con una movilización hacia el Palacio de justicia de la Ciudad del Cusco, y luego hacia la Plaza de armas, culminó la semana de actividades relacionadas con la lucha por la legalización del aborto en esta ciudad, el pasado 28 de septiembre.

Las actividades comenzaron el jueves 23, con una serie de charlas, conversatorios y proyecciones audiovisuales que fueron preparando el camino para la acción del 28.

La energía se mantuvo constante en las diversas movilizaciones que fueron desembocando en la Plaza de Armas, a pesar de la ligera lluvia que nos acompañó toda la tarde y la constante presencia de las fuerzas represivas. 

Al grito de “¡El aborto lo haremos ley en las calles!” la columna de la Juventud Socialista, junto con Trabajadores Socialistas y Lucha Mujer-Cusco, volvió a agitar que la única estrategia que puede conquistar el derecho al aborto libre y gratuito, es la de mantenernes organizades en las calles, como parte de la lucha de clase trabajadora.

Por eso no compartimos la visión de diversas agrupaciones que se reclaman feministas, que si bien salen a las calles el 28S, no denuncian a Castillo como el primer opositor a que conquistemos este derecho, y por el contrario, prometen “soluciones” desde sus carguitos como funcionarias públicas.

Por eso llamamos a las compañeras a no dejar las calles. A organizarnos en los sindicatos y organizaciones populares. Y desde ahí, continuar esta pelea.

El derecho al aborto

Colaboración de Lilla R.

Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

El panorama de crisis económica y de salud que atravesamos a nivel mundial, es el marco en que se desarrollan las actuales luchas por los derechos de las mujeres. Una muestra de esto son las diversas acciones, marchas y manifestaciones que se realizaron este 28 de Setiembre, Día por la Despenalización y Legalización del Aborto. Un derecho al que millones de mujeres en el mundo aun no tienen acceso por considerarse un delito, lo que obliga a que el aborto se realice de manera clandestina poniendo en riesgo la vida de las mujeres más pobres.

¿Por qué debe ser ley?

Por eso, la legalización del aborto pasa por reconocer las enormes desigualdades que existen. En nuestro país hay 12 millones de mujeres en edad de trabajar, de las que el 59% no cuenta con trabajo, el 62% son trabajadoras informales, los derechos por maternidad no se cumplen y del total de la población pobre 51.4% son mujeres.

A esto podemos sumarle el acceso casi nulo a la educación sexual de calidad y el poco acceso a métodos anticonceptivos que se acomoden a las necesidades de cada mujer, además del analfabetismo que en mujeres de la zona rural es el 23%. Este el panorama tan complejo al que se enfrentan la mayoría de mujeres en nuestro país y que empuja a miles de ellas a optar por la posibilidad de un aborto frente a un embarazo no deseado.

Por eso no solo hablamos de despenalizar el aborto en casos de violación, agenda entre organizaciones feministas y ONGs. Derecho que si bien es necesario, no es suficiente. Es preciso conquistar el derecho a una educación sexual integral, al acceso a anticonceptivos, y al aborto libre seguro y gratuito, para que accedan al mismo fundamentalmente las mujeres pobres y trabajadoras del país, que como ya se ha dicho antes son las principales víctimas de los abortos clandestinos.

Un gobierno en contra de las mujeres trabajadoras

Lamentablemente el presidente Pedro Castillo ha sido bastante claro respecto a su posición en contra sobre la legalización del aborto.

Esta es la posición -tan cercana al conservadurismo reaccionario- de un gobierno que se dice de izquierda, pero que es machista, y mira la problemática del aborto desde la moral o las creencias religiosas, y no desde la ciencia, ni la urgencia de atender este problema de salud pública. 

Esto es lo que como mujeres trabajadoras y pobres nos toca enfrentar hoy. Sabemos bien que todas las mujeres abortan, pero sobrevivir a un aborto es un privilegio de clase. En nuestro país las ricas abortan, las pobres se mueren.

Por eso no tenemos dudas que solo luchando podremos conquistar el derecho al aborto libre y gratuito, el derecho a una educación sexual integral laica y científica, y el acceso gratuito a los métodos anticonceptivos adecuados para cada una de nosotras. Esto, en el marco de conquistar la declaratoria de emergencia contra la violencia machista en el país. Necesidad urgente para hacer frente a la pandemia de machismo y violencia que vivimos.

El aborto en el Perú

Actualmente el aborto en el Perú es ilegal, salvo el aborto terapéutico despenalizado en 1924, que se realiza en caso de amenaza a la vida o salud de la mujer.

Se estima que en el país se practican al año aproximadamente 371 400 abortos clandestinos, de los cuales 28 652 terminan en hospitalizaciones y 58 en muerte (INEI Estado de la población peruana, 2015).

5 de cada 100 mujeres entre los 15 y 49 años se ha provocado un aborto y se reconoce como una de las principales causas de muerte materna (MINSA).

Todo esto muestra que ilegalizar el aborto no disminuye su práctica, y por el contrario, además de criminalizar a las mujeres que deciden abortar, lo convierte en un negocio que expone a las mujeres pobres a prácticas inseguras, que ponen en riesgo su vida y salud.

Las violaciones sexuales no son broma

Colaboración de Lilla R.

Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

La violación sexual, es una de las formas más crudas de violencia que puede vivir sino esta niña, mujer o adulta y que tiene un fuerte impacto en la vida de quien la sufre o la ha sufrido. Una violación sexual es una manera de atentar contra la libertad sexual y los derechos reproductivos de las mujeres, ya que es u acto que se realiza sin el consentimiento de la víctima y que a su vez tiene secuelas físicas y emocionales que comprometen la salud de las personas que son víctimas de este tipo de violencia.

Es común que las víctimas presenten lesiones, depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual (incluida la infección por el VIH) y muchos otros problemas de salud. Además, se trata de un problema que afecta a la sociedad en su conjunto y conlleva unos costos enormes que repercuten en el desarrollo general y en los presupuestos de los países. 

Las violaciones sexuales no son una broma:

La denuncia de la congresista Patricia Chirinos expone lo que ya veníamos apuntando el discurso y pensamiento de carácter machista y homofóbico del primer ministro Guido Bellido. El ministro asume que decirle a una mujer “ahora solo falta que te violen” puede ser admitido como una broma.

 Según la OMS Cerca de 736 millones de mujeres (es decir, una de cada tres) sufren violencia física o sexual infligida por un compañero íntimo o agresiones sexuales perpetradas por otras personas, unas cifras que se han mantenido estables en los últimos 10 años y cada vez ocurre a edades as tempranas: una de cada cuatro mujeres de entre 15 y 24 años que han mantenido alguna relación íntima habrán sido objeto de las conductas violentas de un compañero íntimo cuando cumplan 25 años. 

En nuestro país, según el centro de emergencia mujer, solo de enero a mayo de este año se han atendido 3.878 casos de violencia sexual.

De acuerdo con su último reporte, 67,1% (2.599) del total de víctimas son niños, niñas y adolescentes entre 0 y 17 años. Asimismo, el 32,4% de casos corresponde a personas de 18 a 59 años (1.255) y el 0,5% (21) de los mismos a adultos mayores de 60 años. En todos los casos, las mujeres son las más afectadas.

A ello se suma que, en 1.938 casos, la víctima no fue agredida por sus familiares ni por su pareja. Sin embargo, en 1.431 casos, la agraviada sí fue agredida por un familiar, y en 461 situaciones fue la pareja quien realizó los ataques.

Asimismo, 145 víctimas presentan discapacidad física, mental, intelectual o sensorial. En tanto, tres casos son de población LGTBI, 106 de reincidentes y 51 de personas con nacionalidad extranjera.

la violencia sexual es un problema social serio, que requiere una pronta atención como en general lo requieren todas las formas de violencia contra la mujer. Es un problema que no solo afecta a la víctima sino también a la sociedad en su conjunto y no podemos contemplar que se la siga normalizando mediante expresiones misóginas que se esconden bajo la apariencia de “chistes” o “bromas”, porque normalizan la violencia algo que es sumamente peligroso.

Nosotras nos preguntamos: ¿Cómo se puede bromear con un acto tan terrible?  ¿este es el gobierno del cambio? ¿el gobierno del pueblo? con un ministro al que le parece normal hacer bromas sobre violaciones, y con un presidente que pretende justificar esta agresión sosteniéndose en su procedencia andina.

El pertenecer al Perú profundo, no es justificante, son las mujeres de ese Perú profundo, las mujeres campesinas, las mujeres trabajadoras y las que no tiene empleo quienes son víctimas de violencia sexual día a día.

Con ese actuar, las trabajadoras no podemos asumir este gobierno como nuestro, ni defenderlo, ni permitir que se le dé un uso polito como y se viene haciendo por parte de Perú Libre y también de la oposición.

Es cierto que sobre la congresista Patricia chirinos pesan, un proceso de investigación suspendido por supuestos vínculos con la corrupción y un pasado familiar con su padre como parte de la dictadura de Fujimori, sin embargo, esto no puede ser un argumento para deslegitimas una denuncia por agresión y de tal calibre, como ha hecho Elizabeth Medina, presidenta de la comisión de la mujer y congresista de Perú Libre. Es un error tener como método echar lodo sobre el oponente político, lo correcto sería que Bellido pida que se realice una investigación pública si es que se trata de una acusación falsa, como él manifiesta.

Perú Libre no hace más que dar armas a la derecha para ser atacado, tener en sus filas personajes como Bellido se presta para estos fines, la derecha ya está haciendo uso de este suceso como medio de ataque y lo seguirá haciendo. Por otro lado, tampoco pone por delante la atención a las demandas urgentes de la clase trabajadora, ni ataca los intereses de la burguesía, que es igual de machista y homófoba, aunque ahora aparezcan hipócritamente como defensores de la mujer y finjan indignación por lo acontecido, cuando años atrás, no han hecho más que obstruir diferentes proyectos y leyes de protección a las mujeres y han tenido expresiones iguales o peores a la de Bellido.

En un mes de gobierno no ha salido de sus disputas en las esferas del congreso sin ningún avance concreto en responder a las demandas más importantes de salud, educación, trabajo, ni mucho menos para atender los casos de violencia hacia la mujer.

Como clase trabajadora es necesario tomar las banderas de la lucha contra la violencia hacia la mujer y exigir al gobierno que se declare en emergencia y una prioridad la lucha contra la violencia. Más allá de discursos, lo que necesitamos acciones concretas,  lo que significa un mayor presupuesto para empezar a ponerle fin a la violencia, desde las violaciones y feminicidios, hasta las desapariciones de mujeres y acoso callejero.

¡Emergencia nacional contra la violencia hacia la mujer!

Colaboración de Lilla R.

Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

Apenas a días de la juramentación de Castillo, Feliciana Huamán fue asesinada por su esposo en Villa María del Triunfo y enterrada bajo su cama. Karim Crystal Robles, una adolescente de 14 años, desaparecía en pleno Miraflores (Lima), mientras otra mujer moría en un hostal de San Juan de Lurigancho, a causa de un aborto clandestino. La dura y violenta realidad que a diario afrontamos miles de mujeres peruanas se grafica en noticias terribles como estas.

Según datos de la defensoría del pueblo, solo en 2020 desaparecieron 5 500 mujeres, de las que 1686 eran adultas y 3835 menores de edad. Cada día son reportadas más de 15 denuncias de desaparecidas. Estas desapariciones están relacionadas a formas de violencia, trata de personas y feminicidios.

Un discurso conservador, machista y peligroso.

Lamentablemente Pedro Castillo, para muchos figura representativa como campesino, maestro y trabajador, parece «mirar a otro lado».

Ya antes de su proclamación, Castillo mostró su poco interés ante estos hechos, atribuyendo las 138 muertes por feminicidio ocurridos durante la cuarentena del 2020 a la ociosidad. Y ahora, con Guido Bellido como premier, igual de conservador y machista, evidencia una tendencia a minimizar y normalizar la violencia hacia las mujeres. Actitud absolutamente contraria a la de que asumieron, Marx, Engels o Lenin, y tantos dirigentes comunistas, hombres y mujeres, ante el mismo tema.

El problema también es la falta de trabajo

Pero no solo es la violencia física, la tasa de desempleo se ha disparado, quedando sin trabajo 3 millones y medio de mujeres. Hoy, el 70% de trabajadores informales son mujeres. Y de cada 100 jóvenes entre los 18 y 29 años que “ni estudian ni trabajan” (“NINIS”), 65 son mujeres. De estas, 30 son indígenas o afrodescendientes (Alcázar, 2019). Problemática ante la cual Castillo no hace nada.

Es por eso que, a diferencia de lo que nos proponen algunas compañeras «de izquierda», no podemos depositar ilusiones en este gobierno.

¿Por qué hay que pelear?

Ante la crisis política, económica y sanitaria, y la falta de respuesta ante la violencia machista, las mujeres de la clase trabajadora, las estudiantes y campesinas, no podemos esperar más: debemos movilizarnos y organizarnos para exigir que el gobierno declare en emergencia el sector mujer, como ha anunciado que hará con el sector educación, para adoptar medidas radicales ante la problemática descrita.

Debe incrementarse el presupuesto para el ministerio de la mujer. Mientras en 2021 el rubro “reactivación económica” recibió 10 mil 224 millones de soles de parte del Estado, el rubro “reducción de la violencia contra la mujer” sólo obtuvo 690 millones de soles… ¡14.8 veces menos!

No se detendrán los feminicidios, ni las desapariciones, ni las violaciones sexuales, si no se financia al sector para que puedan ejecutarse medidas eficaces que permitan atrapar, juzgar y condenar a los feminicidas y violadores, así como desarmar las redes de trata de la que son parte instituciones del estado como la propia policía.

Hay que conquistar la legalización del derecho al aborto, libre y gratuito, para evitar más muertes a manos del mercado del aborto clandestino. Derecho que debe ser complementado con una política de educación sexual científica, laica e integral desde la escuela, y garantizando acceso a métodos anticonceptivos para la juventud.

Pero también es necesario que se tomen medidas para acabar con la pobreza en la que vivimos millones de mujeres en el país. El gobierno debe garantizar trabajo y salarios iguales a la canasta básica para las mujeres, particularmente para las que encabezan los 645 032 hogares son jefaturados por mujeres. 

Ante nuestras necesidades como mujeres de la clase trabajadora, madres, jóvenes y estudiantes, nuestro reto más grande en este momento es organizarnos para, junto a nuestros compañeros varones, trabajadores y pobres también, enfrentar a la patronal y lograr un país y una sociedad distintos, sin explotación y sin violencia.

¿Qué significa la presencia de mujeres en puestos de gobierno?

El tener mujeres en espacios institucionales, si bien es simbólico y, en ese sentido, tiene una determinada importancia, no es garantía de solución ante la violencia, el desempleo y la explotación laboral.

Aun así, Castillo comienza mal. Con solo dos mujeres en el gabinete, muestra un retroceso respecto de otros gobiernos. Sin embargo, debemos ser claras: las instituciones del estado no están desligadas de los intereses de la patronal, sean encabezadas por hombres o por mujeres.

De ahí el que el rol de Anahí Durand se desenvolverá en este sentido. Mientras declara que luchará contra el patriarcado, acepta un primer ministro claramente machista y homofóbico, desde el gobierno, parece que ella, tanto como Verónica Mendoza y JP, mientas hacen acuerdos con PL, han olvidado el carácter de clase del estado y que la lucha contra el patriarcado empieza cuestionando las bases de la explotación y opresión hacia la mujer, lo que significa pelear por trabajo y contra la suspensión perfecta de labores, en favor de las mujeres del país afectadas durante el 2020, además de la lucha contra la violencia machista.

Año y medio después: más pobres, más desempleadas, más violentadas

Colaboración de Lilla R.
Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

La situación de la mujer en la sociedad de clases, y particularmente bajo el capitalismo, ha sido de opresión. Y a medida que este se hace más decadente, empeora.

Antes de la pandemia, y a pesar de los años de crecimiento económico, las mujeres ya ganábamos un 31.8% menos que los hombres. Esto era, en promedio, S/. 641.50 menos por realizar el mismo trabajo. Esto es lo que se conoce como brecha salarial y que claramente nos coloca, como trabajadoras, en un lugar de desventaja y desigualdad.

Sin embargo, la pandemia ha desvelado de manera dramática esta situación, y al mismo tiempo ha arremetido con mayor violencia contra los derechos y las vidas de millones de mujeres en el mundo, acrecentando las brechas de género, trayendo como consecuencia que las condiciones de vida de la mujer se hayan hecho aún más precarias.

Más desempleadas que desempleados

Si bien el desempleo es uno de los principales problemas en la agenda de la clase trabajadora, con un 30% de la población en edad de trabajar, sin tener dónde hacerlo, desde que inició la pandemia el desempleo femenino se incrementó en un 45.3%, mientras que el masculino, 34.9%. Esto quiere decir que han quedado desempleadas 3 millones y medio de mujeres.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los datos recolectados en 10 países de la región revelan que «los países más afectados con la caída del empleo femenino -como consecuencia de las medidas adoptadas frente a la pandemia- son Chile, Perú y Brasil».

Las medidas de cuarentena que impuso el gobierno del entonces presidente Vizcarra, para frenar los contagios por COVID 19, sin garantizar el empleo y la subsistencia de la población, sin duda ha agudizado la situación vulnerable de empleo de las mujeres, que en países como el nuestro se concentra mucho más en trabajos precarios, como los trabajos por cuenta propia, negocios familiares y otras actividades que no requieren una relación contractual, sin protecciones ni beneficios sociales y por supuesto el trabajo en el sector informal, que ya antes de la pandemia era conformado en un 70% por mujeres.

Es necesario tomar en cuenta que la segregación ocupacional juega un rol importante en la pérdida de empleo femenino. Los sectores productivos más expuestos a riesgos de pérdida de empleo, tenían una presencia mayoritaria de mujeres (55.9%). Los sectores de servicios y comercio, concentraban a 4 de cada 5 trabajadoras urbanas, y han tenido una disminución de la población ocupada de 56.6% y 54.5% respectivamente (datos de la abogada Jessica K. Maeda Jerí, La fuerza laboral de las mujeres al límite. Consecuencias del COVID-19 en las trabajadoras urbanas del Perú).

La cuarentena para las mujeres trabajadoras

La pérdida de empleo, sumado a las restricciones por la pandemia, ha incrementado la carga del trabajo del hogar que ya realizaban las mujeres en mayor medida que sus compañeros varones. Así, el cuidado de los hijos, que ahora hacen clases desde casa, la limpieza de la casa, el cuidado de ancianos y, por la pandemia, el cuidado de familiares contagiados, se incrementó en horas y actividades. Una labor que no es remunerada, y mucho menos reconocida por nuestra sociedad.

Podemos sumar al trabajo doméstico el trabajo remoto, para las mujeres que han mantenido su empleo, generando una doble y hasta triple jornada a diferencia de los varones que les dedican menos tiempo a tareas domésticas. De acuerdo con una encuesta elaborada por Gender Lab, durante la cuarentena las mujeres le dedicaron en promedio, al trabajo en el hogar, 9 horas y 35 minutos. Tiempo mayor respecto a los hombres, que solo le dedicaron, en promedio, 6 horas y 12 minutos.

Hay que apuntar que la mayoría de hogares monoparentales (familias con un solo progenitor que se encarga del cuidado y crianza del o los hijos) están conformados por mujeres. Lo que significa, que hay muchas madres que, de haber tenido la “suerte” de mantener un empleo en el que hacen trabajo remoto, no solo tienen la carga laboral sino además pesan sobre ellas la responsabilidad total de los hijos, el cuidado del hogar, etc. Y en el peor de los casos, están las madres que no tienen ningún empleo para mantener a sus familias, teniendo que recurrir a la informalidad para sustentarse.

Se duplica la violencia para la mujer trabajadora

Sabemos que la cuarentena ha puesto a muchas mujeres en una situación vulnerable, teniendo que vivir en el encierro con sus abusadores. La alarmante cifra de feminicidios y violaciones durante la cuarentena revela la violencia persistente en los hogares de familias trabajadoras.

Pero además, el año y medio de pandemia no solo ha sido violento con las mujeres físicamente, también ha violentado a las mujeres quitándoles el derecho al trabajo. El despido, que ya era un atentado contra la vida de los trabajadores y trabajadoras antes de la pandemia, ahora se convierte en un acto aún más violento. No es posible que en plena crisis sanitaria y sin ninguna posibilidad de encontrar un medio distinto para sustentar sus familias, mujeres y madres trabajadoras hayan sido echadas a la calle. El despido en estos tiempos no solo ha significado, sufrimiento, hambre y miseria; en muchos casos ha significado también la muerte.
El capitalismo no puede ofrecernos una solución

La sociedad capitalista califica el derecho al trabajo como un derecho fundamental, pero lo hace con hipocresía, porque día a día lo arrebata, porque sus leyes no protegen el trabajo, ni tampoco los beneficios mínimos que este derecho debería contemplar.

Son las políticas de gobierno las que han llevado a esta situación a las madre y mujeres trabajadoras, la principal preocupación ha sido mantener las ganancias de las grandes empresas, mas no el darle solución a las cuestiones más urgentes como el desempleo. Por lo tanto, es evidente que el gobierno no tiene planes de resolver estos problemas, y que el gobierno entrante muy probablemente tampoco los tenga.

Por eso es necesario que como mujeres nos organicemos, y juntos a nuestros compañeros, exijamos solución a nuestras demandas como clase y como mujeres: fuentes de trabajo estables, seguro de desempleo, presupuesto para las ollas comunes que ayudan a la sobrevivencia las familias pobres, desaparición de la brecha salarial, que se reconozca con un salario digno el trabajo del hogar, etc.

La pandemia azota nuestras condiciones de vida. Y las mujeres jóvenes y trabajadoras de todo el mundo estamos al frente de los principales procesos de lucha (Chile, Colombia…). Por eso es clave organizarnos en torno a un programa obrero, marxista y revolucionario, que guíe nuestra lucha como mujeres de la clase trabajadora, entendiendo que los trabajadores no podrán llegar a emanciparse completamente si haber conquistado derechos plenos para las mujeres, que no solo estén escritos en un papel, si no que se respeten.

LA LUCHA CONTRA EL MACHISMO: UNA LUCHA PARA LA CLASE TRABAJADORA

Colaboración de Lilla R.

Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

El candidato a la presidencia Pedro Castillo, ha sido cuestionado por sus declaraciones acerca de los feminicidios. Según Castillo, los feminicidios ocurren “producto de la ociosidad generada por el mismo estado”. Esta terrible declaración tiene una profunda carga machista, y es reflejo del desinterés y desconocimiento que tiene el candidato y su partido frente a lo que la OMS declaró, en 2013, una pandemia: la violencia machista.

El panorama de la violencia machista en el Perú

La violencia de género en nuestro país, y particularmente los índices de feminicidio, son alarmantes. Según estadísticas del ministerio de justicia y derechos humanos, en 2020 hubo 131 feminicidios en el Perú. Mientras que este 2021, según los datos de la defensoría del pueblo, 55 mujeres fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres en los primeros 5 meses del año. Más de la mitad de ellas, por sus parejas o exparejas. Además de 19 casos de mujeres con características de feminicidio que siguen en investigación.

Uno de los casos más desgarradores fue el de Eyvi Agreda de solo 22 años, que fue atacada en el transporte público por su ex compañero de trabajo, le roció combustible y luego le prendió fuego. Eyvi quedó con el 60% de cuerpo quemado y luego de un mes de estar internada en el hospital, murió con un shock séptico. Su atacante declaró después que su intención no era matarla, solo quería “desfigurarla”.

Lamentablemente esta terrible realidad es compartida por otros países latinoamericanos: en México, cada día son asesinadas 10 mujeres. Según la organización Mumala hubo 329 muertes violentas de mujeres en 2020 en el país. Según el Registro Nacional de Femicidios 2020 de Mumalá, en el 40 % de los casos víctima y victimario convivían, el 13% de las víctimas estuvo desaparecida y 7% fue abusada sexualmente.

Pero la violencia machista, además, se traslada al terreno de la dependencia económica, los maltratos psicológicos, el acoso callejero y en el trabajo, la discriminación en los centros de estudio y un largo etc.

Violencia que se ha visto potenciada por la pandemia, al encerrar durante meses a las mujeres con sus agresores, en sus propios hogares.

Por lo tanto, es un gravísimo error por parte de Castillo decir que los feminicidios ocurren por “ociosidad”, y una enorme contradicción para alguien que dice representar un proyecto de cambio de nuestra sociedad.

La violencia machista día a día cobra vidas de mujeres, adolescentes, estudiantes, madres trabajadoras, con brutal crudeza y total impunidad. De las 131 denuncias de feminicidio reportadas en 2020, solo dos han sido investigadas y procesadas, hasta emitir una sentencia contra los responsables. 

Por eso esta declaración tan ligera y machista, resulta peligrosa: porque minimiza la magnitud del problema, desinforma, invisibiliza y, sobre todo, normaliza la violencia hacia las mujeres.

¿Votar por una mujer sería una alternativa?

Por otro lado, tenemos a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, que hace unos días negó las esterilizaciones forzadas aplicadas durante el gobierno de su padre y de las que fueron víctimas más de 300 000 mujeres violando sus derechos sexuales y reproductivos, afirmando que “fue un plan de planificación familiar”. Estas declaraciones son todavía más monstruosas y muestran la verdadera cara, cínica y cruel del fujimorismo.

Días después de haber negado las esterilizaciones y ver que no mejoraba su posición en las encuestas manifestó en una entrevista que “duele lo que estas mujeres han denunciado y eso se tiene que investigar y sancionar a los responsables”, sin embargo La Asociación de Mujeres Peruanas Afectadas por las Esterilizaciones Forzadas (AMPAEF) publicó un comunicado de rechazo, repudio e incredulidad ante estas declaraciones, rechazo que aplaudimos, no podemos confiar en una mujer que ha formado parte de un gobierno violador de derechos y genocida.

Más allá de los intentos fallidos de “comprometerse” con las víctimas de las esterilizaciones forzadas, tanto este caso como la violencia que mata a las mujeres peruanas, pobres y trabajadoras cada día en realidad le interesan muchos menos que a Castillo, sus prioridades están en garantizar el enriquecimiento del empresariado, dando continuidad a las políticas económicas corruptas, privatizadoras y entreguistas implantadas por Fujimori en los 90s, por lo tanto, ella como cualquier otro candidato de la burguesía, sea varón o mujer, responde tan solo a sus intereses de clase, no importa si estos intereses pasan por encimas de las vidas de la población.

Por eso, ninguno de estos candidatos nos representa, ni a la clase trabajadora, ni mucho menos a las mujeres trabajadoras, pobres y campesinas del país.

¿Por qué ocurren los feminicidios?

Un feminicidio es la forma más extrema de violencia contra una mujer, casi en todos los casos las personas que comenten feminicidio son personas cercanas a las víctimas, una pareja actual o ex-pareja. Las mujeres victimas de feminicidios generalmente han sufrido previamente una serie de maltratos y diversos tipos de violencia que se van incrementando con el tiempo.

El feminicidio es una de las caras más duras y extremas del machismo, que encierra un conjunto de ideas que muchos aprendemos sin querer en nuestras familias, ideas dañinas que sustentan que los varones son superiores a las mujeres, con las que se nos imponen; maneras de comportarnos, roles en la sociedad y actividades que podemos o no hacer de acuerdo a nuestro género. Es común oír por ejemplo que “el jefe de la casa es el varón y que las mujeres tenemos que dedicarnos a labores domésticas”

Sin embargo, estas diferencias entre varones y mujeres no han sido siempre así, las familias primitivas, se caracterizaban por su funcionamiento en comunidad, la propiedad, es decir todo el fruto del trabajo le pertenecía a la comunidad en su conjunto. Toda esta desigualdad que se vive hasta estos días aparece o se desarrolla junto con cambios sociales y económicos, que marcan la aparición de la propiedad privada, a partir de este cambio se establecen nuevos roles que someten a la mujer y la convierten en esclava y propiedad del varón.

Esas ideas que acompañan a este sometimiento son un soporte y una justificación de la injusta desigualdad entre varones y mujeres, justifican la violencia dentro de las familias trabajadoras, e impiden que se haga justicia para las víctimas de feminicidio.

El machismo, en ese sentido, es una ideología, que justifica, normaliza y refuerza la desigualdad.

¿Por qué los trabajadores y trabajadoras debemos combatir el machismo?

El machismo es una herramienta útil para la explotación capitalista, el sistema usa los medios, la propaganda y todo lo que está a su alcance para repartir estas ideas que tanto daño nos hacen, no solo a las mujeres trabajadoras, sino a toda la clase es su conjunto. Son útiles para perpetuar la opresión a la mujer, para pagarnos menos, para explotarnos más, para no poder organizarnos junto a nuestros compañeros porque además de trabajar en las fábricas, colegios o tiendas, tenemos que llegar a casa a seguir trabajando y cuidar a nuestros hijos.

El machismo nos divide como clase frente a los patrones. Por eso urge, que como trabajadores y trabajadoras tengamos como una de nuestras principales tareas la lucha contra el machismo, en nuestras familias y también en nuestros sindicatos, no solo para prevenir y evitar la violencia y estas muertes tan terribles y dolorosas de nuestras hermanas trabajadoras, sino también para pelear juntos por nuestros derechos y enfrentar al sistema que nos explota y oprime.

Pandemia, despidos y violencia

Foto: Nadia Tremoulet – Teatro Roes

Por Profesora Clarita López

La covid-19, el desempleo y la violencia se nos presentan a diario, sobre todo nos golpea más fuerte si somos pobres, mujeres obreras y trabajadoras. La peor situación se vive en las fábricas; en el sector textil, donde se viene aplicando el cese colectivo a sus trabajadores (mayor porcentaje mujeres); en el rubro de alimentos como Molitallia que una semana antes del inicio de la pandemia había echado a la calle a más de 100 obreras; las de limpieza pública, donde las obreras ponen en peligro sus vidas, almorzando en los lugares donde recogen la basura, con gente tiradas en las calles y sin desinfectar, como Mesa Redonda o Paruro; sin que el alcalde les dé un lugar adecuado para el
almuerzo, con baño incluido.

Más de un millón de puestos de trabajo perdidos, y hasta con la suspensión perfecta de labores sin pago alguno quieren que sobrevivamos. Somos el 75% de trabajadoras informales, y nuestros compañeros, esposos, hijos que en muchos casos son el sostén del hogar también están sin ingresos (70% de informales).

Trabajadoras de Chocolates Iberica protestan contra DU 038-2020

Violaciones en cuarentena
Mientras pasan los días, y muchas estamos en casa, uno por el aislamiento social y dos porque nos quedamos sin trabajo; creemos que la casa es el refugio, el lugar donde podemos sentirnos seguras, la realidad nos muestra todo lo contario, en algunos casos estamos en la boca del lobo. Solo en el día 17 de cuarentena ya había 43 denuncias por violación, entre ellas 27 niñas, comparado con el 2019, esto es 39% más de violencia contra la mujer. Para el 28 de abril, según el MIMP, 21 mil llamadas a la línea 100, 162 violaciones, 32 feminicidios, 120 casos de tentativa de feminicidio.

El aislamiento social se convierte en una cárcel para muchas, pero con ningún refugio disponible.

Los planes para combatir esta problemática son mínimos y los presupuestos aún más. Por ejemplo, los hogares refugio a nivel nacional solo son 14, estos no representan ayuda ni para la mitad de las agredidas y respecto a las denuncias, los horarios de inmovilización social obligatoria no incluye a los casos excepcionales de violencia contra la mujer.

El aislamiento social se convierte en una cárcel para muchas, pero con ningún refugio disponible.

Cuando se le pregunta al gobierno de Vizcarra sobre el tema, este dice que ya se están implementando algunos mecanismos de defensa para estos sectores vulnerables, menciona a la línea 100, línea que la misma congresista Arlette Contreras ha dicho que son insuficientes. “Lamento decir que el Ministerio de la Mujer no está haciendo un buen trabajo, varias casos llegan a mi despacho quejándose de la pésima atención por parte de los Centros de Emergencia Mujer o de la Línea 100”.

La desigualdad continúa…
Muchos preguntan cómo puede suceder esto, y la verdad son varios factores, aquí mencionaré algunos:

  1. La desigualdad entre hombres y mujeres, por ejemplo en el sector servicios el 44% que han perdido su empleo son mujeres, mientras el 37% son hombres. Ambos son golpeados por los despidos, pero en mayor cantidad las mujeres, seguimos siendo el primer blanco de esos ataques. La suspensión perfecta de labores también nos deja sin ninguna reserva para enfrentar esta pandemia. En el sector comercio somos el 26%, mientras nuestros compañeros son el 13% suspendido.
  2. Las ideas machistas que presenta a la mujer como ser inferior, sensible, débil y como las responsables únicas de las tareas domésticas, por ende se triplican las tareas del hogar, el cuidado de niños, ancianos y enfermos, sabiendo que esto no es remunerado. Dando como consecuencia la dependencia económica y emocional, agotamiento por la doble jornada, estrés y los trastornos alimenticios.
  3. Las políticas del gobierno, como los decretos que atacan los derechos laborales, como el 038-2020 que avala la suspensión perfecta, o el 011-2020 que perfecciona esta norma; los ceses colectivos que vienen dejando en la calle a cientos de trabajadores, desde el 2018.

¿Cómo enfrentar esta situación?
Tenemos diversos ejemplos, como lo son las obreras del Sitobur que exigen medidas de seguridad en el trabajo y estabilidad laboral con su pase a planilla. Como las obreras de Molitalia que se paran al frente de la fábrica, en un plantón y denuncian los despidos, como las enfermeras del Loayza, Vitarte, del Niño, que exigen con carteles en la puerta de los hospitales implementos básicos de seguridad, trabajo con contratos seguros y sus sueldos.

Necesitamos más albergues, trabajo seguro, normas y leyes que condenen los casos de violaciones, tentativas y feminicidios.

Sin luchas no hay victorias, por eso el plan alternativo contra la violencia a la mujer, los despidos de las patronales, el gobierno que no invierte y avala los despidos, no puede estar desligado de un plan nacional obrero y popular, las mujeres y hombres trabajadores debemos unirnos y exigir una solución de fondo a estos problemas en la perspectiva de un Gobierno de los Trabajadores y el Pueblo pobre.

SITOBUR y el día internacional de las obreras

Por Laura Sánchez, en Bandera Socialista N° 116, marzo 2019

El 8 de marzo se realizaron movilizaciones en todo el mundo y, por supuesto, en Perú. En esta ocasión, además de la tradicional de feministas, colectivos y partidos que tuvo una gran concurrencia, ésta al llegar a la Plaza San Martín tuvo la presencia de las y los obreros del Sitobur de Lima Metropolitana y de Miraflores.

Despidos en Municipalidad de Miraflores

En esta ocasión, se realizó una marcha, decidida de manera independiente y autónoma, que tuvo que ver con la concurrencia de las obreras y obreros de limpieza de Miraflores y Lima Metropolitana, donde 250 fueron despedidas/os.

Al frente de esta gran movilización estaban las obreras y obreros de Sitobur del Municipio de Lima Metropolitana, en solidaridad y exigiendo la reposición de los despedidos de Miraflores.
Resulta que la municipalidad de Miraflores, decidió rescindir el contrato con la empresa Innova, una tercerizadora que abarca a varios municipios de la capital.

Hay que ver el cómo la empresa Innova se lava las manos, ya que en su comunicado del 10 de marzo publicado en Perú21, reconoce que “durante 10 años de servicios ininterrumpidos” en dicha municipalidad contó con un “equipo de colaboradores”, a los que “agradece”. Estos 250 obreras y obreros que “agradece”, simplemente quedaron en la calle, sin nada para sus hijos ante el inicio de clases.

¿De qué sirve este “lava manos” de Innova? Fundamentalmente para protestar, entre líneas, por la nueva empresa concesionada “única invitada, a las 12 horas de la convocatoria, con un sobreprecio del 84%…, con el lamentable detrimento de las arcas municipales…”. ¿Y el detrimento de las obreras y obreros que quedan en la calle, y sus familias? Y el reconocimiento de los vecinos de Miraflores del 90% no es para Innova, sino para las obreras y obreros que limpian las calles del distrito.

Con la presencia del Sitobur y otros sindicatos

En este contexto es que se realiza esta marcha de clase, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La marcha comenzó con la consigna “Aquí están, estas son, las obreras del 8 de marzo”, y otra como “Despidos de obreras también es violencia”, y muchas más, irrumpiendo el tránsito desde Larcomar hasta casi la Av. 28 de Julio, atravesando la Av. Arequipa, seguidas en el recorrido por infinidad de vecinos y vecinas de los distritos saludando la marcha, en especial de Miraflores, donde reconocieron el trabajo que realizan diariamente.

Ha sido una marcha de lucha, antecedida de muchos plantones. Una movilización de cientos de obreras y obreros, con la solidaridad presente de sindicatos como Cogorno, Celima y Molitalia conmovieron las calles de la ciudad, haciendo honor al Día Internacional de las Trabajadoras.

Solidaridad con las y los despedidos

Por su reposición y la exigencia del pase a planilla de las obreras y obreros de Lima Metropolitana del Sitobur no dejaron de vocear la corrupción de las municipalidades y los “arreglos” con tercerizadoras para la contrata de trabajadoras/os con salarios bajísimos y sin derechos laborales.

Y, asimismo, la lucha de las más 700 de obreras y obreros de Lima Metropolitana, cuya resolución suprema hasta ahora no fue cumplida ni por Castañeda ni por el actual Jorge Muñoz, que pasea al sindicato con reuniones sin solución, tomando en cuenta que el Poder Judicial emitió una conminación para que cumpla con el mandato judicial de pase a planilla.

A pesar del contingente de policías que intentaron reprimir y disipar la columna, violentando a las compañeras y agarrándolas y sacudiéndolas, no pudieron con la marcha. La gran lección de esta jornada, organizada, luchadora y decidida a llegar a la victoria, es que fortaleció a todos y señaló que las mujeres obreras están al frente de la lucha contra los ataques laborales y de género que no cesan de crecer. Y, además, que su lucha compromete a trabajadores de distintos sectores, lo cual imprime un carácter de unidad en la lucha contra los ataques antilaborales del gobierno de Vizcarra.

¡Solución ya a las demandas! 
¡Reposición de las y los despedidos de Miraflores!
¡Pase inmediato a planilla de las y los obreros

del Sitobur de Lima Metropolitana!